Proceden de la Huasteca y de la sierra hidalguense, donde en el pueblo
de Ixtlahuaco señoras como doña Pompeya Mendoza son famosas por su
perfección en la elaboración de ese platillo. Los zacahuiles están
hechos a base de masa de maíz martajada, mezclada con manteca de cerdo y
chiles molidos con especias y sal, que luego se rellenan con grandes
trozos de carne de cerdo cruda, y muchas veces también le añaden un
guajolote entero cortado en piezas; luego se hace una cama gruesa con
hojas de “papatla” o en su defecto de plátano, se untan con la masa, se
añade el relleno y se envuelven con otro tanto de hojas de “papatla”,
dándole forma de un tamalote. El envoltorio se amarra con un mecate
grueso, luego con alambre y se mete en un horno de leña que deberá estar
bien caliente, se tapa el horno con dos ladrillos grandes y se sella
muy bien con barro para que no escape el calor. Se deja cocer de diez a
doce horas. Se abre entonces el horno y se saca el zacahuil sobre una
gran batea de madera, la cual es transportada entre varias personas al
lugar donde se va a consumir. En la Huasteca los zacahuiles suelen ser
de una consistencia más aguada, más atolosa.
Los zacahuiles se
sirven frecuentemente en bodas, fiestas religiosas, XV años y bautismos;
también los venden en porciones los días de mercado en las poblaciones
cercanas. De un zacahuil comen desde 50 a 150 personas, dependiendo del
tamaño del mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario